domingo, 26 de enero de 2014

VIAJES DESDE EL SER DE PIEDRA


Mi ser también es de Piedra. Y se siente y se sienta frente al mar, sin alterarse ante las olas, el viento o el temporal. No me importaría volverla a ver, puesta en el mismo lugar y observar si su forma se ha alterado o con los años se ha llegado a erosionar..

La Piedra que llevo dentro me ayuda a equilibrar mi liviana alma y le da resistencia y peso a mi vivir. 

A veces se ha posado en la boca de mi estómago y me he vuelto un tiempo firme y severa con algunos asuntos. Luego la he rodado de nuevo a un hueco que le tengo preparada, que se llama sensibilidad.


En alguna ocasión se ha ido hacia mi adorada garganta, donde su carga ha recaído sobre mis palabras. Es ese el momento en que mi lengua se ha puesto algo dura y me ha llegado hasta doler al tragar. Afortunadamente, de alguna manera, ha conseguido mandarme incluso a callar.

Creo que conozco bien a mi piedra y he aprendido a quererla, valorarla y controlar sus andanzas. Pero me parece que fue ayer que me di cuenta de cuántas piedras lindas también me rodean y de cuántas formas y colores bellas.
 
Me gusta mucho andar, salir de mis pensamientos, mirar al suelo y encontrar el brillo de una piedra en mi mirada. Las tiento, las agarro, las lavo, las limpio y las cambio de lugar. Las miro cómo gozan al sol, a la luz de la luna y bebiendo agua de lluvia. Algunas veces ni las toco y las dejo donde están. Y como no, me encanta cogerlas calentitas y ponérmelas encima. Pasear descalza por los callaos, por entre los charcos ya algo secos, en los cálidas rocas...



Te cuento que un día andaba un tanto preocupada por mi piedra, la veía distinta de repente, más pesada. Pero me decidí resolverlo junto al mar. Un sabio pescador como si escuchara mi reclamo, me animó a hacer ejercicio con otras piedras mucho más grandes que la mía. Las miré y le dije que me parecían muy pesadas. Pero él me dijo que solo jugara un poquito, que además eso me iba a poner más fuerte...Y así es.

Por eso mi perra se ha pasado casi toda la vida adorando escarbarlas, lamerlas, cargarlas en su boca, limar sus dientes, rascarse las uñas, y echarse sobre ellas. Por eso y tal vez porque le aportaban algún que otro mineral a su dieta...gracias que solo algún diente le falta.
 
Tierno y bendito el poder que pueden tener las piedras. Disfruto de ellas, las mojo, las cuido, disfruto de su tacto y las lanzo también.

Mi corazón no es de piedra, pero mi piedra la llevo en el corazón.